sensaciones ovíparas

7 02 2007

pa 0-012.jpgjuan pablo angel 

existen dos tipos de cosas en esta vida: las que se pueden explicar y las que necesitan que uno les invente explicación. entre las primeras están la gravedad, el aroma de los plátanos, la mitosis y hasta las sandeces políticas que tienen este mundo hecho mier… del otro lado no hablo de unicornios, ovnis, brujería y ni siquiera del chupacabras o la fealdad de george bush (padre o hijo, pa’l caso da lo mismo); todo eso es explicable. me refiero a cosas que están más allá del lenguaje, la comprensión y la imaginación.

el dolor, por ejemplo. físico o emocional, el dolor simplemente escapa a nuestra habilidad lingüística. usamos la frase “me duele” para sensaciones muy distintas unas de otras y no resulta fácil expresar los matices con que se presenta. eso en cuanto a la dificultad para expresarlo; ahora, respecto a la explicación, de qué sirve decir que el dolor es una respuesta a un estímulo blah, blah, blah si tales afirmaciones no son capaces de aprehender una realidad compleja de tal manera que se relacione directamente con la sensación como tal. es decir, cómo fregados explicas algo que no eres capaz de expresar? así, la explicación que puede dar la ciencia para algo tan inconsistente como el dolor resulta absurda, por lo tanto mejor nos inventamos algo tan visceral como la sensación en sí misma.

qué tal una buena borrachera. la ebriedad, como estado físico puede tener una explicación más o menos satisfactoria, pero qué hay de la embriaguez, el maravilloso y sobreexplotado estado alterado de la conciencia qúe tanto persigue uno en el fondo de la(s) botella(s)? o quizá la pasión por un deporte, el éxtasis que produce la música, una buena novela o una película. nada de esto tiene explicación así que se la inventamos. es así como hemos conseguido deshacernos de la desazón que produce la incertidumbre, lo cual es otra cosa que no podemos explicar.  

pero entre todas las cosas que requieren explicaciones inventadas hay una que lleva la eternidad retorciéndose en nosotros, reproduciéndose, mutando, infectando. cuatro mugrosas letras atarantan a la gente a tal grado que o inspiran estupideces como el matrimonio o genialidades como Romeo y Julieta de Shakespeare. amor… dah! mera intoxicación, estoy segura, pero su presunta trascendencia o su evidente trivialidad no es motivo de discusión, hoy no. el punto es que, junto con el origen de la vida, el amor es una de las cosas de explicación inventada más cabronas que puedo imaginar. genios y estúpidos por igual han dedicado maratónicas sesiones neuronales inventando la más bella explicación para este sentimiento tan bien vendido en los supermercados.

todo este texto, en el que he escrito “explicación” y sus derivados alrededor de once veces, ha sido para exponer mi estúpida explicación inventada para la-casi-repulsiva-palabra-de-cuatro-letras. pues bien, una exhaustiva investigación indica que el amor es ovíparo. sí, sale de un huevo, es infeccioso, altera el sistema nervioso, ocasiona mareos, es hilarante, a veces de peluche, sabe bien, energiza y deja débil, es inmune al malintencionado entorno. esta intoxicación tiene una sola explicación [inventada por mí, of course]: el chocolate de las galletas de chispas de chocolate se derrite cuando el pastel se combina con cerveza… y boom! el amor nace de un huevo.


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