ver las estrellas y contar cuántas quedan

29 09 2007

desde hace mucho me pregunto por qué si tengo que escribir algo [generalmente para la escuela] durante el día estoy bloqueada y cuando ya me resigné y he ido a acostar, me llega el momento de claridad. quizá es que estando a la mitad de camino entre el consciente y el inconsciente, estos empiezan a intercambiar ideas, o a lo mejor nada más necesito de la tranquilidad y el silencio que la hora de dormir me da.

un poco de calma viene bien después de azotarse durante horas o incluso días con algo que, si lo piensas, resulta una tontería. como decía una de mis profesoras: “hay mil cosas más cañonas que…”. ella terminaba la frase con las palabras “un examen”. yo propongo dejarlo con los puntos suspensivos porque como digo yo, siempre “pudo ser peor”.

un poco de ensordecedor silencio he tenido estos días, pero nomás no me siento iluminada. la quietud de afuera le dejó mucho espacio al ruido de dentro para esparcirse y ahogar lo que encontrara en su camino. necesito más silencio? o más ruido para que sus decibeles se superpongan a y asfixien a los sonidos asfixiantes?

por lo general, el vacío sonoro mueve mis neuronas. el ocio también. le dan a mis pensamientos la oportunidad de flotar, de navegar muchas veces sin dirección y hallar el tesoro perdido. o no, no hallamos nada, pero exploramos. estos días nada. naufragio total.

tal vez debería iniciar el proceso de remoción de escombros del desastre que ni siquiera se en qué momento ocurrió. ah, la debacle! mejor me tumbo en la arena, a oir el mar, a ver las estrellas y contar cuántas quedan.


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