cuando uno utiliza la propia experiencia para analizar la vida llega a la conclusión de que ésta es un entramado de decisiones con causa y consecuencia.
vivir es montarse en la montaña rusa de un sueño lúcido dónde uno tiene la capacidad de dirigir el camino, y llegar al lugar en el que uno tiene los ojos puestos requiere de esfuerzo, dedicación e incluso fé.
la posibilidad de elegir es lo que hace del hombre un ser complejo y a la existencia algo único e irrepetible. este don se disfruta y se padece, pero no puedes -ni quieres- deshacerte de él. quien no puede decidir, no está vivo; y, por otro lado, si estás vivo tienes que decidir.
pueden tenerse muchas opciones, pocas, o tan sólo una que sea realmente viable, pero lo que en realidad vuelve de la elección algo difícil es lo que se pone en juego, las consecuencias y la detestable oposición entre el querer y el deber, lo conveniente y lo correcto, el corazón y la razón.
el sueño y la realidad colapsan en tu nariz y hacen estallar tus neuronas. evitas enfrentarte a una decisión y sus consecuencias, quieres evadir la responsabilidad que conlleva las elección que ha de entretejer el siguiente paso en tu vida. ¿pero por cuánto tiempo puedes postergarlo? tarde o temprano, quizá sin darte cuenta, tomarás un camino. la omisión y el silencio también son opciones.
y toda elección tiene repercusiones, así que hagas lo que hagas estás construyendo el camino con cada paso que das. algunos pasos son más grandes, más difíciles o más importantes que otros.
a veces huímos de la decisión porque una de las opciones compromete nuestros ideales -léase, lo que consideramos “ideal”- y nuestrass convicciones, nuestro ethos. en ese momento determinamos quiénes somos realmente y quiénes queremos ser.
de forma constante estamos en el proceso de vivir, de decidir quiénes somos, porque ser también es una elección, la más difícil de todas. y es esa decisión en la que se resumen todas las demás, la que las determina, y al mismo tiempo esta elección es resultado de las otras.
hoy me encuentro ante una elección que no quisiera hacer. desearía que alguien pudiera tomar la decisión por mí. se que si me duele y tengo miedo de actuar es porque se qué es lo que tengo que hacer, pero no empata con lo que quisiera.
la vida, como decidir, no es fácil. nadie dijo que lo fuera, pero tampoco nadie dijo que fuera a ser tan complicado*.
la razón, las convicciones brillan del lado opuesto en el cual caminan mis deseos. aún pretendo perseguir ambos caminos, pero no se puede servir a dos amos. son las dos caras de la luna y no puedes verlas simultáneamente.
elegir un camino u otro implica dolor y satisfacción y no estoy segura a dónde conduce cada uno. si me dejo llevar por los sueños y deseos dolería traicionar aquello que me enorgullece en mí y en otros, sería algo que no quiero ser. si elijo renunciar a ellos por lo que creo correcto… qué puedo decir? sólo pensarlo me entristece.
he tenido tiempo de huir del mundo y pensar. a mí descenso a la realidad no sentí menos deseos de llorar, sin embargo sí volví más tranquila, con un aire de resignación: el sentido común pesa cada vez más y los sueños, sueños son.
la vida es tan bella como uno la quiera ver y yo quiero verla como una persecusión de destellos dorados, así que tendré que dejar ir el sueño. y si ríos de lágrimas han de correr, que corran, aunque la música suene mejor contigo*.
* the scientists – coldplay / ríos de lágrimas – los fabulosos cadillacs / music sounds better with you – stardust















