atentar contra un principio para defender otro es, en su aspecto ético, una atrocidad. en términos prácticos, sin embargo, es posible encontrarlo justificable y -por qué no- hasta necesario. habiéndose agotado las alternativas políticamente correctas y la hijuemadre paciencia, no queda más que meter la pata desquiciadamente hasta el fondo.
ahí, en ese oscuro fondo, he metido yo las cuatro en más de una ocasión. incluso podría decirse que soy un archivo de ridiculeces de todos los tamaños. y no es algo de lo que me sienta orgullosa, pero ocasionalmente algunos de esos infames ridículos eran, como dicen los gringos, the right thing to do. vamos, echar mano de ellos era ‘indispensable’, si bien ‘correcto’ no es la palabra más adecuada.
probablemente no sean más que actos de irracionalidad, pero ¿acaso se pierde la razón sin motivo? es decir, la tolerancia a la frustración tiene un límite en cada uno de nosotros y cuando las circunstancias lo sobrepasan es como si nuestro lado razonable topara con pared; los impulsos y las emociones le pasan por encima a la sensatez y a la racionalidad, dejando salir así al neanderthal que todos llevamos dentro. a fin de cuentas, es una forma de responder cuando todo lo demás ha fallado.
no es que siempre agote uno los recursos, en muchas ocasiones lo que hay no son razones si no pretextos para cometer una estupidez en nombre de una buena causa. además, nunca falta el conchudo que hace de las respuestas ridículas, irracionales y/o dramáticas un modus operandi para obtener lo que desea e incluso un modus vivendi. en mi opinión, abusar de insensato ya es corroncho, ordinario -por no decir pendejo, pero incluso esos conchudos tienen razones para serlo.
el verdadero problema aparece cuando no crees ser una de esas personas. es decir, cuando defiendes ante todo la racionalidad y por salvaguardar alguna otra convicción actúas como simio telenovelesco. extraviar en un sombrero la lucidez y la sobriedad hace tambalear el orgullo, puesto que tu comportamiento es reprobable por tí mismo. se abre en tu conciencia un agujero como el de la capa de ozono porque estás por debajo de tus propias expectativas.
pero es posible complicarlo un poco más: se puede atentar contra la racionalidad para defender ese mismo principio. de hecho, esa es la culpa que intento expiar en estas líneas. cometí una estupidez para defenderme de otra, actúe como simio es un aspecto para evitar serlo en otro. la pseudo.semi.paradoja es bella y el planteamiento que se queda bailando en mi espinado cerebro es el siguiente: actué como idiota para poder ser razonable, pero de no haber actuado [que bajo las circunstancias que sobrepasaron el límite de mi torancia a la frustración, daban para hacerlo como simio] habría sido una imbécil… eso me hace razonable, no? in an odd, irrational, softheaded and monkey-like way… i’d say yes, dear. entonces, soy un neanderthal reciclando material de la telenovela de las 4? in an odd, rational, hardheaded and human-like way… yes, dear, i’d say so.
Y NO DEBERÍA ARREPENTIRME
[pa' cerrar, les dejo este texto de etgar keret]
extrañando a kissinger















