“lo encontrarás en tu salud”, dice mi ‘apá que decía mi abuela. esa grave advertencia a la que no presté oídos es hoy la penitencia por mis pecados alimenticios.
todo comenzó con una bacteria que iba paseando por el fresco y saludable ambiente de esta maravillosa ciudad. cansada de viajar solita, nuestra amiga bacteria decidió que era momento de establecerse y como yo me crucé en su camino, sin siquiera anunciarse la muy conchuda se instaló en mí. invadió la privacidad de mi organismo!! qué descaro. quién sabe cuántas maldades habrá hecho el demonio microscópico ese abusando de su calidad de huésped, pero el punto es que las cosas iniciaron ese funesto día que ni siquiera se cuál fue.
no voy a maldecir al microorganismo en cuestión porque en realidad él sólo responde a su instinto de conservación. además, respondiendo a ese mismo instinto yo no me he quedado cruzada de brazos y ya expedí la orden de desalojo. pobre bacteria! seguro me debe estar mentando la madre, pero qué se le va a hacer, era ella o yo. anyway, como sucede con todo mal, en lugar de proferir toda una serie de insultos y lamentaciones, no le queda a uno más que aprender de él. así, por lo menos mientras olvido el viacrucis que he vivido estas semanas, mi alimentación se ha visto afectada por una disciplina monástica.
estoy decidida a no enterrar los placeres culinarios -urbanos, posmodernos y poco saludables- a los que estoy acostumbrada. no me dejaré intimidar por organismos unicelulares, no señor. sin embargo, me parece que el encuentro con mi amigable bacteria debe dar lugar a una profunda reflexión sobre el cuidado de la salud.
durante los últimos años, la salud ha cedido su lugar en mi lista de prioridades a un variado grupo de preocupaciones quedando siempre relegado en la tabla de posiciones, lo cual, eventualmente, ocasiona un deterioro en esa área y merma mi desempeño en todo lo que ha quedado por encima de ella. suena poco lógico mantener esta dinámica, no? sin embargo es algo común, porque darle equilibrio a la vida es mucho más complicado de lo que parece.
naturalmente, después de haber descendido a los infiernos de un padecimiento gastrointestinal, tengo todas las intenciones del mundo de mejorar mis hábitos alimenticios y reestablecer mis prioridades. pero la verdad es que del dicho al hecho hay mucho trecho, como dicen por ahí. en otras palabras, el clima no es favorable. entre tener la intención y estar realmente dispuesto y comprometido con una causa hay un abismo conformado por infinidad de excusas torpes y razones válidas.
es inevitable. como el borracho que en la cruda -física y/o moral- jura que no volverá a beber un trago, una vez liberada del yugo infeccioso de mi entrañable bacteria, volveré a caer en las coloridas y aromáticas redes de la comida chatarra. yo lo se, no necesito que nadie me lo diga, me entregaré nuevamente al placer y al peligro. si acaso seré más cauta, pero no renunciaré a los sabores que desde ahora ya ansían mis papilas gustativas.
los gérmenes mutan pero las personas no cambiamos. por eso, aunque mi querida compañera de digestión pierda esta batalla, su especie lleva las de ganar. como dijera smith en la última parte de la trilogía de matrix : “nothing this weak is meant to survive“. el problema es que nuestro sentido de la historia, de la evolución y del tiempo está empañado por una ilusoria victoria que emana arrogantemente. fingimos que no existe algo como la responsabilidad o las consecuencias.
hoy ya estoy en plena resurrección, pero veo con preocupación que nos han vendido la falacia de que en ella se encuentra la redención, cuando en realidad nos la hemos ingeniado para beber de ella el elixir de la condenación.
salud y feliz ingesta para todos.