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el azúcar es adictiva

#Soledad

Ya había olvidado lo hermoso de salir sola.

Electro Swing, Balkan Beats, Cumbia y yo. Y un par de cervezas pero nadie más.

Enloquecí.

No es precisamente el tipo de plan al que me acompañaría cualquiera de mis amigos, más no es por eso que vine sola. Estar por mi cuenta fue lo mejor que me pudo pasar.

Pasé mucho tiempo sintiendo miedo de salir sin compañía. No lograba hacer nada si no iba alguien conmigo así que disfrutar la soledad como en los viejos tiempos es un triunfo sobre la ansiedad.

Y, lo más importante, porque no lo disfrutaría igual si estuviera alguien conmigo.

Sí, la multitud me aturde pero también me permite perderme en ella. Nadie sabe quién soy y a nadie le importa lo que yo haga. Es ahí donde puedo ser libre y feliz.

Sin conversación, sólo la música, la cerveza y yo, mis sentidos se conectan con el sonido y experimento con intensidad.

Sin explicaciones ni consideraciones para otros. Hago lo que quiero.

Fue una noche espectacular. No me había sentido tan alegre desde… hace mucho.

Nunca había saltado tanto en toda mi vida. Me duelen los pies cada que los planto en el suelo pero me parece un módico precio a pagar por un par de horas en el cielo.

Soledad, parece que te he vencido.

#Verosimilitud

No importa que sea verdadero, lo que es indispensable es que sea verosímil. Así en las artes escénicas como en la política, en las relaciones personales y en el liderazgo corporativo o entrepreneur.

La elocuencia y el carisma son algunas de las herramientas de las que se vale un comunicador para influir en la opinión de alguien más pero también debe conseguir la confianza de su audiencia.

Todo el tiempo estamos expuestos a este tipo de personas y mensajes que intentan convencernos de algo. Desde la publicidad hasta nuestros padres, tenemos de manera constante palabras, imágenes y hechos que pretenden manipular nuestras acciones. Las marcas quieren que compres sus productos, tus padres quieren que te titules, te mudes o te cases, tu jefe quiere capitalizar hasta la última expresión de tu fuerza de trabajo y el político quiere tu voto.

Leer las intenciones de nuestros interlocutores es un acto de supervivencia. Camuflar las nuestras una habilidad muy valiosa.

¿Qué expectativas tiene la persona frente a mí?, me pregunto. Especialmente cuando me habla a través de un micrófono, desde un escenario o del otro lado del escritorio. ¿Qué necesita de mí?

Y encuentro con tristeza en la mayoría de los casos que aquel hombre, mujer o institución me subestima. A mí y a toda su audiencia. Sus palabras y actos carecen de verosimilitud; su nombre, de credibilidad.

Algunos anuncios inverosímiles son producto de la incompetencia, otros de la estupidez y unos más provienen de una postura arrogante en la que el oyente o interlocutor no tiene valor para el creador del mensaje.

Mentir, aunque sea con carisma y entusiasmo es mentir. Prometer y no cumplir, es estafar. Y como he citado hasta el cansancio:

“Puedes engañar a algunas personas algunas veces, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”, cantó Bob Marley.

Si lo que va a salir de tu boca es inverosímil, ¿por qué nos haces perder el tiempo?

No es tu habilidad de prestidigitador del discurso el que orienta nuestras acciones sino el status quo.

Piensa en eso cada que resuenen en tus oídos nuestros aplausos.